Crónicas de la Paz II
Los Acuerdos de Paz deben ser un ejemplo para la más amplia convergencia de los guatemaltecos honrados, amorosos a la patria y de su pueblo. Después de años tan dolorosos, la victoria debe ser para Guatemala.
Si se comparten horizontes y valores, las discrepancias sólo serán para buscar mejores caminos, sin dogmatismos, sin hacer al país víctima de fundamentalismos negados al cambio y a la apreciación objetiva de la realidad.
Los Acuerdos de Paz son nuestro legado a las nuevas generaciones. Los ponemos en manos del pueblo de Guatemala para que los levanten como bandera de lucha a favor del bien común, la conciliación nacional, la democracia y la paz.
Nadie puede imponer desde afuera a pueblo alguno, una paz verdadera y estable, si ese pueblo no la quiere y si ese pueblo no consigue cimentar, desde adentro y por sí mismo, su propia conciliación interna.
Centroamérica será vista como una región unida, en paz y con regímenes democráticos positivos y constructivos, viendo en el futuro un proceso de desarrollo verdaderamente efectivo… La firma de la paz es una buena noticia, no sólo para Guatemala sino para Centroamérica en general.









